TALLER DE FORMACION POLITICA
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Principios del Taller de Formación Politíca1.Anti capitalismo radical. Partimos del reconocimiento de que el capitalismo implica –sobre todo en su época neo-liberal—creciente desigualdad entre los seres humanos y los pueblos, creciente destrucción ecológica, creciente desempleo y subempleo para unos y extensión e intensificación de la jornada laboral para otros, creciente inseguridad social, crecientes ataques a las conquistas pasadas de la clase obrera y de otros sectores oprimidos (mujeres, minorías raciales, inmigrantes, etc), creciente militarismo, entre otros males sociales. La única forma de abolir esos males es abolir el capitalismo. 2. Oposición a todas las formas de opresión. Combatimos todas la formas de opresión, discriminación, exclusión social y explotación (racismo, xenofobia, homofobia, opresión de la mujer, etc.). 3. Orientación revolucionaria. Toda la experiencia de más de 150 años de lucha obrera indica que la burguesía defenderá, con todos los recursos a su alcance, el sistema económico existente. No se puede abolir el capitalismo gradualmente, ni a través de progresivas reformas. La abolición del capitalismo pasa necesariamente por un enfrentamiento con el estado burgués que sea capaz de desarticularlo y remplazarlo por un estado de nuevo tipo. Reconocemos, en ese sentido, la necesidad de que la clase obrera se vaya dotando de mecanismos de auto-defensa para enfrentar la represión del estado burgués y otras fuerzas de la reacción, pero insistimos que esos mecanismos deben surgir en relación orgánica con el movimiento obrero y popular y no como organizaciones armadas que operan de forma aislada. 4. La centralidad de la clase obrera. Consideramos que su condición de mayoría, que maneja directamente todo el proceso de producción social, convierte a los asalariados y asalariadas, a la clase obrera, en el agente fundamental de la revolución socialista. La historia ha demostrado, sin embargo, la necesidad de la organización propia de diversos sectores oprimidos (mujeres, gays, jóvenes), organización que favorecemos y promovemos, a la vez que, al igual que en el caso de las organizaciones obreras, tratamos de ganarlas para una orientación socialista. 5. Unidad de las luchas y auto-determinación. Promovemos la solidaridad de las diversas luchas, que en muchos casos no se han apoyado o no se apoyan mutuamente. Subrayamos, en ese sentido, que todas las luchas tienen un elemento en común. Se trata de luchas por la auto-determinación entendida en un sentido amplio: luchas de los oprimidos por tomar control sobre sus vidas en cada una de sus facetas, control sobre los procesos que les afectan en el taller, la comunidad, el hogar, la escuela, los espacios públicos, etc. La lucha del obrero contra arbitrariedades del patrono, la lucha contra la entrega de empresas públicas al capital privado o transnacional, la lucha de la mujer por el derecho a escoger, la lucha de los gays por vivir su sexualidad sin hostigamiento, la lucha de las comunidades por participar en las decisiones que afectarán su ambiente, o la lucha por la soberanía política contra un régimen colonial son todas, en ese sentido, luchas contra alguna forma de opresión y luchas todas por la auto-determinación de los seres humanos. 6. Lucha nacional y social. En ese sentido planteamos que la lucha contra el colonialismo y por la autodeterminación nacional no puede desvincularse de las otras luchas emancipadoras presentes en nuestro país. Al contrario, es a través del crecimiento y fortalecimiento de las diversas luchas sociales que el movimiento anti-colonial puede convertirse en un movimiento mayoritario: la lucha por la soberanía política cobra sentido emancipador en la medida que se convierta en parte del programa político de las diversas luchas liberadoras. 7. La estrategia de la auto-organización. La revolución socialista no será ni puede ser obra de una minoría o de una “vanguardia”, sino de la movilización y auto-organización de las grandes mayorías. “La emancipación de los trabajadores”, como decía Marx, “obra ha de ser de los trabajadores mismos”. Las experiencias de lucha y de auto-organización, a partir de reivindicaciones inmediatas, es la clave, la pieza indispensable, para que grandes sectores de la población vayan avanzando hacia un cuestionamiento del capitalismo. Sin ese proceso de lucha y organización la propaganda revolucionaria, por justa que sea, tan sólo alcanzará a un sector muy minoritario. Ese tipo de auto-organización tan sólo se generalizará como producto de una larga serie de experiencias de movilización que es necesario promover. Esas experiencias adquirirán las formas más variadas, desde luchas sindicales hasta iniciativas comunales, desde movilizaciones, en el taller o la calle, del más diverso tipo hasta campañas electorales y trabajo en la legislatura y los tribunales burgueses. Esto implica que vemos las diversas organizaciones (sindicales, comunales) como medios de auto-organización. Por ello, reconociendo los niveles de centralización necesarios, promovemos en ellas las formas de organización más democráticas y participativas posibles (como fue el caso de la lucha por crear el CAOS, por ejemplo). 8. Organización revolucionaria. Si bien la revolución no la hará la “vanguardia” sino la gran mayoría de la clase obrera de forma directa y activa, es necesario, para que esto suceda, que quienes ya asumen esos objetivos revolucionarios se organicen lo más efectivamente posible, para dar mayor continuidad y unidad a las luchas, y orientarlas en una dirección anti-capitalista. Esa organización debe combinar la necesidad de la acción conjunta y unida con la democracia interna (incluyendo el derecho de tendencia). Sin la acción efectiva de la organización revolucionaria, no puede darse un amplio proceso de auto-organización de la gran mayoría del pueblo trabajador. Pero la función de esa organización, por tanto, no es ocupar el lugar de ese proceso, sino propiciarlo del modo más amplio posible. 9. Ni reformismo, ni espontaneísmo, ni “vanguardismo”. Rechazamos, por tanto, el reformismo gradualista en sus diversas vertientes, que niega la necesidad de la ruptura revolucionaria; el espontaneísmo, que niega la necesidad de organizaciones y partidos revolucionarios; y el “vanguardismo” mal entendido, que pretende substituir la auto-organización de la clase obrera por la acción de una “vanguardia”. Esto nos obliga a mantener un difícil balance en nuestro trabajo político. Nuestra propaganda, por ejemplo, debe ser siempre accesible, en su forma y contenido, a las grandes mayorías en su estado de conciencia actual. A la vez debe contribuir a que esas mayorías, a través del contacto con nuestras ideas, y, sobre todo a partir de sus experiencias de lucha, alcancen una mejor comprensión de sus intereses y una mayor confianza en su capacidad para reivindicarlos efectivamente. 10. Demandas de transición. En el esfuerzo por vincular las luchas actuales con la lucha por el socialismo, la lucha por reformas y la lucha por la revolución, la conciencia actual de los oprimidos y la conciencia socialista, damos énfasis a lo que llamamos demandas de transición: demandas que a la vez que son entendibles y atractivas a las grandes mayorías, tienen por su naturaleza una dinámica y lógica potencialmente anti-capitalista. (La lucha contra la privatización ofrece buenos ejemplos). 11. Internacionalismo. Defendemos una perspectiva internacionalista que insiste en la comunidad de intereses y en la interdependencia de las luchas de los oprimidos de todas las naciones. En ese sentido, concebimos la lucha contra el capitalismo, el colonialismo y el imperialismo en Puerto Rico como parte de un amplio conjunto de luchas regionales e internacionales. Concebimos la lucha por la independencia, por ejemplo, no como una lucha por una triste república capitalista, como las que sufren nuestros hermanos caribeños. Tampoco la concebimos como una lucha por el aislamiento o la separación, sino como el vehículo para participar activamente, como iguales en la lucha por transformar la estructuras políticas y sociales en nuestra región: por transformar la Norte América y Caribe de las multinacionales y del gran capital, en la Norte América y Caribe de sus pueblos. En ese sentido creemos en la necesidad de buscar nuevas formas de abordar el tema de la independencia, distintas a las del independentismo tradicional. Valoramos en particular los vínculos concretos con los movimientos afines al nuestro en otros países, incluyendo destacadamente a EE.UU., de cuya evolución política y social dependerá buena parte del futuro de toda la región. 12. Democracia. Luchar por la auto-organización de los oprimidos, luchar por la auto-determinación de los pueblos y los individuos, asumir el principio, enunciado anteriormente, de que la liberación de la clase trabajadora será obra de la clase trabajadora misma, implica defender y ampliar todas las conquistas democráticas de la humanidad, empezando por el derecho de los trabajadores a organizarse sindical y políticamente en las agrupaciones de su preferencia, a circular y publicar sus ideas libremente, a reunirse y manifestarse en defensa de sus posiciones y propuestas, a criticar al gobierno, el patrono o sus propios líderes sin miedo a represalias. Defendemos esos derechos, en la medida que algunos ya se reconocen parcialmente (como hicimos con el derecho a la fianza). Luchamos por que se reconozcan, en la medida que no sean respetados o sean violados. En ese sentido, también rechazamos la ecuación de democracia con las formas de la democracia parlamentaria burguesa y promovemos el surgimiento de nuevas y dinámicas formas de democracia obrera, popular y comunal (consejos comunales, consejos y comités obreros, etc.), que deben incluir los derechos mencionados anteriormente.
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